Ven CONOCEME… trae abierta tu mente.

Declaración de Amor.

México Capital a los tantos días inacabables de tu partida.

Recuerdo los caminos sembrados de suspiros, la huella pequeña de tus pies descalzos y tu sonrisa de alba despuntando, si, esa que exorcizaba la oscuridad y me alcanzaba a mitad de cada ensueño llenando de tibieza mi cuerpo. Tus ojos oscuros y sabios (esos que tantas veces me interrogaron buscando ahuyentar las dudas que se fugaban por cada grieta de mi alma vieja y escéptica) tus labios hábiles para robar mi aliento (labios de caramelo y canela), labios que en cada roce mitigaron los miedos y encendieron mis pasiones.

Siempre ahogaré un suspiro al recordarte.

Y hoy estoy aquí, sentado a la orilla del camino, precisamente recordándote; mientras miro esa corteza blanquecina lamida por el musgo, musgo pegado al viejo tronco hendido por aquel rayo, (viejo olmo que en su mitad lleva ahora preñez de vida nueva, retoños que se niegan a darlo por muerto y enterrado).

Éramos tu, yo y aquellas horas mágicas entonando poesías de amor. Viendo pasar la vida nos pensábamos eternos, intocables, absolutos. Dibujando bocetos, mojándonos las ganas entre caricias aventuradas y piel desnuda, ¿cuántas veces fundimos los cuerpos entre destellos dorados de atardeceres ahora remotos, siempre bajo la sombra bienhechora de aquel viejo y hendido olmo?

Hoy he vuelto a este “nuestro lugar”, el motivo:

He leído una nota de sociales, ahí apareces más bella que en aquel entonces, radiante y lozana, la vida te asalta la mirada, simplemente brillas. Un dolor sordo me ha invadido y de inmediato sentí esa necesidad de tomar esa dosis de un “nosotros” para poder renovar mi promesa, para poder seguir oculto en esta sombra que sin rejas me apresa, un sucedáneo para no cernirme sobre tu familia como ave de presa y destruir esa “historia de amor” que te has creado.

Un niño pequeño acunas en los brazos y “él” te lleva diligente, se nota en su vestir que el éxito le asiste y aunque así no fuera…, te tiene a ti.

Yo, te dejé partir en aras de aquel futuro que por ti esperaba, Una buena posición social, una promesa de matrimonio, estabilidad… cosas que en aquel tiempo mis letras no podían pagar.

Aquella nuestra última noche, fue pasión y fue ternura, nos amamos con el ansía y desvarío de sabernos perdidos… ausentes el uno del otro en cuando aquella noche mágica terminara. Te quebraste en sollozos entre mis brazos más de una vez, refugiada en mi pecho te encontrabas cuando los primeros rayos tocaron nuestros cuerpos, y entonces… te dije adiós; renuncié a nuestro anhelo, a nuestro amor de letras y caramelo, a las cómplices miradas, a ese cúmulo de sensaciones maravillosas que me extasiaba, a tus ojos hechiceros y a esa vejez tomados de la mano, esa que tantas veces hablamos, ideamos…, soñamos.

Hoy, que te miro radiante y bella, con el futuro en tus manos, sé que hice bien, es entonces; solo entonces; cuando me abandona ese dolor sordo y despiadado.

Seco mis lágrimas, y sonrío melancólico pensando que sin lugar a duda:

“No existe mejor declaración de amor que haber sacrificado la alegría de mi vida, si con ello puedo verte feliz.”

Miro tu foto, beso tu rostro y voy con lentitud desandando mis pasos, voy guardando mientras avanzo, cada parte de ese “nosotros” dentro de mí… el polvo del camino, el olvido me invaden lentamente.

IMG_1038

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s