Ven CONOCEME… trae abierta tu mente.

Estrella del Norte y Viento polar.

Cuenta la historia que marchó el Rey confiado en la lealtad de su gente y el amor de su consorte, se fue por el mundo disfrazado de “vagamundos”, quería aprender la verdadera naturaleza del hombre solo observando. Largos años ocurrieron mientras el recogía bajo su atuendo el polvo de los caminos, la ínfima calidad del alma humana, las flaquezas de espíritu y el desgano ante la vida que en cada gente observaba. A menudo, pensaba mientras añoraba a su reino y su tierra, suspirando largamente por su amada… “Que difícil es la vida lejos de los afectos” más íntimamente le confortaba la idea de que ella le esperaba.

Un día, aquel cansado Rey vestido de viento errante, regreso después de vagar por mil caminos, recorrió a pie su Reino, lamentablemente lo hallo moribundo… era ahora páramo seco, desierto, en palacio; sentaban sus reales una caterva de mal vivientes y vagos, su fiel escudero antes gallardo y galante; ahora yacía en el piso inerte y embriagado, víctima de sus excesos, condenado por sus malas decisiones, aquella gavilla de malhechores había dispuesto en su trono a manera de parodia, sentar a un vistoso pero patético arlequín que se dedicaba a divertirlos mientras bebían.

El Rey fiel a su disfraz, calladamente observaba, mientras su corazón sufría… así fue caminando por el lugar y cuando creyó haber visto todo, su corazón dio un vuelco a punto de paralizar se, pues en los jardines de palacio descubrió bajo el rayo del sol a su Reina; el motivo de su orgullo, su más noble sentimiento, el tesoro de sus ojos, exhibida y cautiva en una hermosa jaula de oro… comprendió en ese momento que su egoísmo y su insensible empeño de conocer más, había condenado a ella al cruel castigo de la humillación perpetua.

Rompió entonces el disfraz preso de una fuerza que él creía perdida y blandió su fiel espada. El tiempo de segar cabezas había llegado y así lo hizo, codo a codo con algunos que se habían mantenido fieles, hicieron rendirse a los sinvergüenzas aun a costa de sangre derramada. Acudió entonces presuroso a liberar a su amada, rompió las cadenas que la jaula mantenían cerrada, al abrir, ella por un instante le regalo su mirada, y el pudo ver el amor brillar intacto, apenas un atisbo; enseguida ella camino señorial con el porte de una dama, y sus pasos se encaminaron hacia la salida de aquel palacio. En ese momento como un rayo en su mente se hizo la luz, comprendió que ella se había trasformado, abrazada al inmenso amor que por él sentía, acepto la sumisión y el escarnio día a día, sin un reclamo, sin flaquear, sin dudar ni un segundo, así es que aquel ser noble y lleno de fortaleza, nunca más aceptaría ser prisionera de la mente y del cuerpo, ahora era un ser etéreo reclamando libertad.

Un segundo apenas le llevo al rey tomar su decisión, dejando atrás su investidura, rompió contra la roca su espada y fue presuroso tras ella, pues; nunca como entonces sintió tanto amor y veneración por su mujer; si… en ese instante ella se ilumino ante él con toda su grandeza.

A partir de ese momento dejaron su envoltura carnal para vagar sin fin por el manto estelar.
Ella ahora es estrella del norte, guía y referencia, siempre altiva y lejana y él, es viento polar que le acompaña. A veces, él desespera y forma nubes, ciclones, fieras tormentas, haciendo retumbar cada confín de la tierra con su ira, después; cuando por fin se calma, ella asoma entre las nubes desgarradas y le regala una caricia, es entonces que él se convierte en dulce mistral que peina la campiña y forma bellos abanicos dorados con el polvo de los caminos, solo para que su adorada le mire y por momentos sonría.
Se volvieron inmortales en la pluma del poeta y
cada vez que alguien cuenta su historia.

— Dime viejo, en realidad eso puede ser posible, ¿alguien alguna vez los vio? —

— por supuesto dulce niña, tú misma los puedes observar y sentir, si pones atención. —

— Dime niña, ¿Nunca… cuando vas a dormir, has sentido el cálido roce en tu rostro de aquel viento y en ese momento… se ha iluminado de plata tu habitación con la iridiscencia de una luz serena apenas un instante antes de escuchar a ese viento silbando una tonada de amor que se cuela por cada rendija?
— Creo que si…
— Son ellos, amándose.

Duerme pequeña, sueña con guerreros, vasallos e historias de amor… cuando despiertes no has de hallarme al pie de tu cama, esta noche soy viento y ella… me espera.

Ángel caído.

mares

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